Opinion Diego Petersen Farah
Hay muchos otros rubros donde los resultados no son buenos o son pésimos, como ciencia, migración, cultura, y la lista puede seguir, pero cuando los logros en la economía familiar, y sobre todo en las urnas, son tan buenos, nadie en el Gobierno piensa en los problemas, sino en administrar las glorias.
En seguridad sería injusto medir los resultados de esta administración comparándolos con las promesas del Presidente, que ofreció pacificar el país en seis meses después de la aprobación de la Guardia Nacional, luego en un año, luego pidió seis meses más. Son promesas incumplibles. El problema es que, ante la falta de resultados en la pacificación y que a pesar de los abrazos seguían los balazos, desde mediados del sexenio se dedicó sólo a administrar el problema, a presentar cifras de la reducción, marginal, pero reducción al fin, de los homicidios. Pasamos de un promedio de 100 muertes violentas al día en los últimos años de Peña Nieto a 81 con López Obrador. Ahora bien, si agregamos a esto 24 personas desaparecidas y no localizadas por día (uno cada hora) en este sexenio no podemos decir que la paz y la seguridad estén mejor.
Hay muchos otros rubros donde los resultados no son buenos o son pésimos, como ciencia, migración, cultura, y la lista puede seguir, pero cuando los logros en la economía familiar, y sobre todo en las urnas, son tan buenos, nadie en el Gobierno piensa en los problemas, sino en administrar las glorias.

