Falso que ya haya ganadores!!! Ramírez Zepeta desmiente a Pepin Ruíz y demás adelantados que se proclaman ganadores.
El dirigente estatal de Morena, Esteban Ramírez Zepeta, desmintió categórico que haya una lista de ganadores de la encuesta que aplica el Partido como se ha estado filtrando en las últimas horas donde los ex-Priistas Pepín Ruíz o Alberto Silva se dicen ganadores en las mediciones de Veracruz y Tuxpan respectivamente.
El dirigente estatal de Morena afirmó de manera contundente que en este momento aún hay municipios en los que el Movimiento realiza la encuestas, por lo que es falso que haya una lista oficial ya de aspirantes ganadores.
“Quiero ser muy enfático, muy preciso, no hay aún resultados oficiales de ganadores de las encuestas que el partido está realizando, incluso hoy en día todavía hay encuestas en proceso, es decir, hay municipios en los que todavía están encuestando, entonces no hay nada oficial, no hay nada definido”, sostuvo.
Reconoció que hay inquietud y efervescencia en muchos aspirantes y que ello pudiera estar ocasionando esta desinformación al estar filtrando ellos mismos información para verse favorecidos.
“Sobre esa supuesta lista de ganadores que anda circulando lo que puedo decir es que entiendo que hay mucha inquietud de algunos compañeros, pero no hay que desinformar por que incluso podrían ser sancionados por tal motivo”, sostuvo.
Reiteró que continúan en el proceso interno, están todavía en la etapa de las encuestas y no hay resultados para nadie hasta ahora.
“Después de esa etapa cuando termine vamos a la etapa de la ponderación de las opiniones, entonces no hay nada todavía de una supuesta lista de ganadores de las encuestas”, concluyó Ramírez Zepeta.
El problema, por tanto, no puede explicarse solamente por el hacinamiento.
Una cárcel puede tener espacio disponible y, aún así, perder el control.
Lo ocurrido en el penal de El Castillo, en Mazatlán, ilustra esa contradicción. De acuerdo con reportes periodísticos, el centro tenía menos internos que su capacidad oficial cuando se registraron episodios de violencia que dejaron al menos 12 muertos.
El problema, por tanto, no puede explicarse solamente por el hacinamiento.
El gobierno anunció la construcción de seis nuevos centros penitenciarios, con capacidad conjunta para 18 mil 480 personas. La medida puede ayudar a reducir la presión sobre un sistema que, de acuerdo con las cifras disponibles a agosto, tenía más de 45 mil internos por encima de su capacidad.
Pero construir más espacios no resuelve automáticamente lo que ocurre dentro de ellos.
El Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria 2025 de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos identificó deficiencias en la clasificación de las personas internas, insuficiencia de personal de custodia y problemas de salud, además de situaciones de autogobierno en centros penitenciarios.
Es decir, el desafío no consiste únicamente en alojar a más personas, sino en garantizar que la autoridad siga siendo del Estado.
Una prisión necesita instalaciones adecuadas, pero también custodios suficientes, protocolos eficaces, vigilancia, servicios médicos y condiciones que permitan una reinserción social real.
Cuando esas piezas fallan, los muros pueden seguir en pie mientras la autoridad se debilita.
Y ese es el punto que merece atención.
Ampliar la capacidad penitenciaria puede ser necesario. Lo que no debería ocurrir es que la inversión en nuevas instalaciones termine sustituyendo la discusión sobre cómo se administran, quién las controla y qué sucede con las redes criminales que pueden operar desde su interior.
Porque una cárcel no cumple su función simplemente porque tenga celdas ocupadas y puertas cerradas.
La cumple cuando el Estado conserva el control, protege la integridad de quienes están dentro y evita que la prisión se convierta en otra extensión del delito.
Por eso no podemos minimizar el anuncio de seis nuevos penales en el país para albergar a más de 18 mil personas. Y aunque más espacio no soluciona el problema en lo absoluto, con una estrategia bien pensada se puede avanzar en una mejor dirección.
Construir una cárcel es levantar muros. Gobernarla es otra cosa.
Veremos qué ocurre, y si de verdad ocurre.
****
Sobre la detención de El Moco
La detención de “El Moco”, señalado como presunto líder de un grupo delictivo con operaciones en Puebla e Hidalgo, representa un golpe relevante a las estructuras criminales que operan en la Sierra Norte.
La captura en Zacatlán fue resultado de labores de inteligencia y de un operativo en el que participaron autoridades federales, estatales y municipales, con el respaldo de la Secretaría de Marina y la Fiscalía poblana.
El caso también pone de relieve la importancia de la coordinación entre el gobierno de Puebla y la Federación. Cuando las corporaciones comparten información y capacidades, los objetivos prioritarios pueden dejar de serlo para las autoridades solamente en el papel y convertirse en detenciones concretas.
El reto, desde luego, será que estos resultados se traduzcan en mayor seguridad para la población, y en investigaciones que permitan llevar ante la justicia a los responsables.
El problema no cabe en una celda
Por: Alejandro Aguirre Guerrero
El problema, por tanto, no puede explicarse solamente por el hacinamiento.
Una cárcel puede tener espacio disponible y, aún así, perder el control.
Lo ocurrido en el penal de El Castillo, en Mazatlán, ilustra esa contradicción. De acuerdo con reportes periodísticos, el centro tenía menos internos que su capacidad oficial cuando se registraron episodios de violencia que dejaron al menos 12 muertos.
El problema, por tanto, no puede explicarse solamente por el hacinamiento.
El gobierno anunció la construcción de seis nuevos centros penitenciarios, con capacidad conjunta para 18 mil 480 personas. La medida puede ayudar a reducir la presión sobre un sistema que, de acuerdo con las cifras disponibles a agosto, tenía más de 45 mil internos por encima de su capacidad.
Pero construir más espacios no resuelve automáticamente lo que ocurre dentro de ellos.
El Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria 2025 de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos identificó deficiencias en la clasificación de las personas internas, insuficiencia de personal de custodia y problemas de salud, además de situaciones de autogobierno en centros penitenciarios.
Es decir, el desafío no consiste únicamente en alojar a más personas, sino en garantizar que la autoridad siga siendo del Estado.
Una prisión necesita instalaciones adecuadas, pero también custodios suficientes, protocolos eficaces, vigilancia, servicios médicos y condiciones que permitan una reinserción social real.
Cuando esas piezas fallan, los muros pueden seguir en pie mientras la autoridad se debilita.
Y ese es el punto que merece atención.
Ampliar la capacidad penitenciaria puede ser necesario. Lo que no debería ocurrir es que la inversión en nuevas instalaciones termine sustituyendo la discusión sobre cómo se administran, quién las controla y qué sucede con las redes criminales que pueden operar desde su interior.
Porque una cárcel no cumple su función simplemente porque tenga celdas ocupadas y puertas cerradas.
La cumple cuando el Estado conserva el control, protege la integridad de quienes están dentro y evita que la prisión se convierta en otra extensión del delito.
Por eso no podemos minimizar el anuncio de seis nuevos penales en el país para albergar a más de 18 mil personas. Y aunque más espacio no soluciona el problema en lo absoluto, con una estrategia bien pensada se puede avanzar en una mejor dirección.
Construir una cárcel es levantar muros. Gobernarla es otra cosa.
Veremos qué ocurre, y si de verdad ocurre.
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Sobre la detención de El Moco
La detención de “El Moco”, señalado como presunto líder de un grupo delictivo con operaciones en Puebla e Hidalgo, representa un golpe relevante a las estructuras criminales que operan en la Sierra Norte.
La captura en Zacatlán fue resultado de labores de inteligencia y de un operativo en el que participaron autoridades federales, estatales y municipales, con el respaldo de la Secretaría de Marina y la Fiscalía poblana.
El caso también pone de relieve la importancia de la coordinación entre el gobierno de Puebla y la Federación. Cuando las corporaciones comparten información y capacidades, los objetivos prioritarios pueden dejar de serlo para las autoridades solamente en el papel y convertirse en detenciones concretas.
El reto, desde luego, será que estos resultados se traduzcan en mayor seguridad para la población, y en investigaciones que permitan llevar ante la justicia a los responsables.