Opinion Diego Petersen Farah
Pemex es hoy un grillete atado a los pies de la economía nacional. Si no se reestructura la empresa en los próximos meses (y ya sabemos lo que significa reestructurar una empresa: cerrar áreas improductivas, reducir personal y ajustar el gasto) no está lejos el día en que se tendrá que optar entre mantener a Pemex o los programas sociales.

¿Qué hacemos con Pemex? Le preguntamos un grupo de periodistas a un funcionario de alto nivel. Cerrar las refinerías, dijo. Ante nuestra cara de asombro explicó que todo el sistema de refinación en México se hizo en torno a Cantarell, un yacimiento de petróleo ligero en la sonda de Campeche. Ese grupo de pozos llegó a producir 2.2 millones de barriles diarios; hoy produce sólo 61 mil. De las seis refinerías anteriores a Dos Bocas, Minatitlán, Cadereyta, Madero, Salina Cruz, Tula y Salamanca, sólo esta última tiene sentido reconfigurarla para procesar petróleo pesado, que es el que tenemos hoy en el país. La única refinería que hoy por hoy reporta ganancia a Pemex es Deer Park que está en Texas, lejos del sindicato y con tecnología más o menos actual. La idea de asociarse con Shell Oil Company en esta refinería fuera de México fue del Gobierno de Carlos Salinas y Pemex compró la participación de Shell en la Administración de López Obrador.
Pemex es hoy la peor carga financiera del Gobierno federal. Durante el Gobierno de López Obrador se invirtió en la empresa más de 2.2 billones de pesos, 4.7 veces más que en el sexenio de Peña Nieto. Poco más de la mitad, 1.16 billones fueron transferencias netas de recursos, el resto fue condonación de impuestos, y sin embargo de acuerdo con último reporte trimestral, la empresa sigue perdiendo.
Pemex es hoy un grillete atado a los pies de la economía nacional. Si no se reestructura la empresa en los próximos meses (y ya sabemos lo que significa reestructurar una empresa: cerrar áreas improductivas, reducir personal y ajustar el gasto) no está lejos el día en que se tendrá que optar entre mantener a Pemex o los programas sociales. Para darnos una idea del tamaño del problema que significa Pemex, todo el plan ferroviario del país, que implica la renovación de 18 mil kilómetros de vías férreas, costaría 1.8 billones de pesos, 80 por ciento de lo que se invirtió en Pemex en el sexenio pasado.
¿Qué hacemos con Pemex? Urge un debate nacional donde coloquemos la soberanía energética donde debe estar (qué actividades y proceso tiene que controlar el Estado y cuáles son secundarios) donde el futuro del país y no el del sindicato sean la prioridad.
