Durazo fue el principal impulsor de Taddei y su relación se ha forjado con nombramientos cruzados para familiares o cercanos de ellos. Uno de los hijos de Taddei, Luis Rogelio Pineda Taddei, es secretario particular de Durazo, y su hermano menor es quien fue grabado por el empresario Hernández, gustosamente bebiendo champaña en el hotel de cinco estrellas parisino Le Maurice, que le pagó el benefactor familiar. En las fotografías publicadas la semana pasada por Reforma de las fiestas organizadas por Hernández a Taddei, aparece José Alberto Pérez de Acha, director de Sistemas y Operaciones del INE, quien es hermano de Luis Manuel Pérez Acha, un abogado que está casado con la hermana de la esposa de Durazo.
Taddei fue tema relevante en Palacio Nacional la semana pasada, pese a los difíciles días por el conflicto del Seguro Social. Lázaro Cárdenas, el jefe de Oficina de la Presidencia, analizó toda la información para ver el alcance político y las implicaciones del caso. La Unidad de Inteligencia Financiera, paralelamente, inició una investigación en su contra ante el cúmulo de revelaciones periodísticas que la colocaban en los límites de la legalidad. No se sabe si la UIF concluyó con su análisis, ni cómo podría ser utilizado por la presidenta.
En los días en que crecía el malestar de Sheinbaum, su coordinador de asesores, Jesús Ramírez Cuevas, trató de desacreditar las revelaciones en los medios, pero no tuvieron éxito sus gestiones. Ramírez Cuevas probablemente la defendía por lo que tejió en el gobierno de López Obrador, cuando fue el enlace directo del entonces presidente con la presidenta del INE, a quien le transmitía las instrucciones que le enviaban desde Palacio Nacional, y que nunca dejó de acatarlas. Era una pieza tan importante para el control electoral, que el año pasado Morena cambió la ley para entregarle a Taddei la decisión unilateral de nombrar a todo su staff, que antes se seleccionaba de manera colegiada.
La decisión de relevarla parecía inminente en Palacio Nacional hasta la mañana del viernes. Desde Palacio Nacional le enviaron el mensaje a Taddei de que nadie la defendería. A las acciones no públicas se sumaron las públicas. Sheinbaum forzó a Taddei a dar la cara y pidió a la Auditoría Superior de la Federación investigar su gestión. Sin embargo, en el curso del viernes, la presidenta empezó a cambiar de parecer porque Taddei era una de las herencias de López Obrador, y su salida afectaría al legado del expresidente.
Es la misma racional para con los gobernadores de Baja California, Quintana Roo, Sinaloa y Tamaulipas, acusados de vínculos con los cárteles, y con las imputaciones al senador López y al ciudadano Andrés López Beltrán: un manto protector para López Obrador, su legado y el movimiento, hasta la ignominia, a costa de la presidenta, su gobierno y México. Pero como dijeron varios miembros de Morena en privado, era insostenible. La maquinaria propagandista claudista se dedicó a golpear a Taddei todo el fin de semana.
La salida de Taddei, prevista para este lunes, buscaría restablecer credibilidad en el INE, que se estaba llevando a la basura Taddei con sus abusos, conflictos de interés y probables corruptelas. Hay un punto final a este episodio, pero la impudicia cuatroteista no se ha eliminado. No habrá un cambio de dirección ni le regresarán la independencia al instituto. Es ingenuo pensarlo. Ya se verá en la persona que la sustituya.