La manos de Veracruz en un teclazo Yamiri Rodríguez Madrid
La Fuerza Civil no pude llegar a cumplir su primera década de existencia. La creación del polémico exgobernador priista llegó a su fin este lunes luego de una seria de eventos desafortunados que cobraron varias vidas. Aunque aun no se han esclarecido los hechos, varios de sus elementos están involucrados en los casos de Totalco, Los Tuxtlas, Acayucan y una larga lista más. Hoy son dos mil policías los que están en vilo, pese a que el gobierno veracruzano fue enfático al decir que se respetarán sus derechos laborales.
En su comunicación, la autoridad estatal informó que la corporación será disuelta para establecer un mando único operativo desde la Subsecretaría de Operaciones de la Secretaría de Seguridad Pública y que el proceso no interferirá con las investigaciones en curso. Digo que están en vilo muchos elementos porque no tienen claro si serán absorbidos por un nuevo ente o si se irán a buscar trabajo.
Pero hubo muchas razones de fondo, supongo, para tomar esta decisión: Totalco solo fue la gota que derramó el vaso. La semana pasada, el propio gobernador Cuitláhuac García subrayó que todos los incidentes serían investigados a fondo, tanto los de Perote, como el los Tuxtlas, en donde un comerciante fue asesinado presuntamente por policías, aunque los detenidos son municipales. En enero, un joven fue asesinado por 4 policías municipales hoy imputados.
Ya en anteriores ocasiones hemos hablado en este mismo espacio sobre las detenciones que la Fiscalía ha hecho de policías, estatales y municipales, por presuntos asesinatos, secuestros, privaciones ilegales y secuestro. Pero la gran mayoría de los veracruzanos no distingue si quienes actúan mal son estatales, municipales; solo se empaña la imagen de quienes nos cuidan.
Cuando la Fuerza Civil se presentó hace casi 10 años en la Macro Plaza del Puerto, teniendo como testigo de honor al entonces secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, se dijo que era una policía de lo mejor, entrenada por la Marina, la Sedena y por la Policía Federal. ¿No fue así? ¿cuándo se desvió el camino? La muestra son las constantes quejas ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) por su actuar; no de hoy, sino desde hace varios años.
Seguramente en los próximos días nos irán diciendo cómo y quiénes suplirán sus funciones, cuáles serán los mecanismos para garantizar que ahora sí el 100 por ciento de sus elementos serán los mejores, los más calificados. Es malo generalizar, para las malas prácticas de unos cuántos elementos, terminaron por dar al traste a toda la corporación.
@YamiriRodriguez
LAS IDEAS Y OPINIONES AQUÍ EXPRESADAS SON RESPONSABILIDAD EXCLUSIVA DEL AUTOR Y NO NECESARIAMENTE REFLEJAN EL PUNTO DE VISTA DE REVISTA REPUBLICA.COM.MX.
En política abundan los anuncios que nacen en un escritorio y mueren en el camino. Por eso conviene mirar lo que ocurre en el campo veracruzano, donde una planta de café resistente a la roya, puesta en manos de una familia, hace más por el arraigo que muchos discursos sobre bienestar. Con Grupo Trusot como operador y la Fundación Piñón como enlace, el programa cafetalero en el que participo como mediadora alcanzó el millón de plantas entregadas en el estado. En Chicontepec se sumaron seis alcaldes.
En Chapachapa, Nautla, el cabildo abrió la puerta a una reunión informativa sobre un programa de tabaco bajo agricultura por contrato, donde cada familia conoce las condiciones antes de decidir con libertad.
Este programa está inacabado, y esa es su mejor noticia, porque aún hay mucho por avanzar. La convocatoria está abierta a todos los ayuntamientos de Veracruz, sin importar colores ni filiaciones, porque la roya no distingue partidos y la necesidad de ingreso tampoco.
Y la invitación no termina en los cabildos. Los colectivos del campo, las cooperativas y los productores que quieran ampliar la lista de beneficiarios pueden buscarme en mis redes sociales. Mi tarea es acercar a quienes trabajan la tierra con quienes ofrecen la oportunidad, y la decisión final queda siempre en manos de quien siembra.
El método es sencillo y, en estos tiempos, casi subversivo: escuchar al territorio, articular a la empresa con los municipios y construir confianza donde otros prefieren imponer.
Frente a un centralismo que confunde mandar con gobernar, y que ha vuelto costumbre la improvisación en la política pública, el campo recuerda que la productividad nace del acuerdo y no del decreto. Ningún debate nacional sobre migración será serio mientras la tierra siga siendo motivo para partir y no razón para quedarse. Veracruz lo sabe mejor que nadie, porque su historia está hecha de quienes se fueron y de quienes regresaron.
Esa convicción me llevó a Champlitte, Francia, de donde en 1833 partió un grupo de colonos que cruzó el Atlántico y fundó a orillas del río Nautla una comunidad que aún habla con acento veracruzano y apellido francés. Con una delegación conjunta de San Rafael y Nautla, y junto al alcalde Patrice Colinet, renovamos el hermanamiento firmado hace cuarenta años. No fue un acto de protocolo.
Acordamos un museo de la migración francesa en Jicaltepec, en el sitio donde se asentó el primer poblado francés en Veracruz, y una agenda de proyectos concretos rumbo al bicentenario de 2033.
Lo que parecía un tema local encontró eco en el Parlamento francés, L’Assemblée Nationale. Conversé con el diputado Benoit Larrouquis, encargado de las relaciones de la Asamblea Nacional con América Latina, quien mostró un interés genuino en esta historia compartida.
Quedó en agenda que realice una visita oficial a la Cámara de Diputados de México, donde además se podrá concretar una audiencia con Alejandro Moreno Cárdenas, presidente de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe, la COPPPAL.
Será una oportunidad para hablar de lo que hoy escasea en la vida pública, que es el diálogo. Un diálogo entre parlamentos, entre partidos y entre regiones del mundo que descubren que tienen mucho más en común de lo que los gobiernos suelen reconocer.
Ahí está la lección de ambos caminos. Lo mismo en una finca de la Huasteca que en una sala de la Alta Saona francesa, las cosas duraderas se construyen escuchando, sumando voluntades y dejando que las comunidades sean protagonistas.
La diplomacia más firme no es la que se firma entre escritorios, sino la que ya vive, desde hace casi doscientos años, en la gente. Veracruz no pide permiso para producir ni para tender puentes con el mundo. Pide que lo dejen sembrar.
Veracruz siembra mientras otros decretan
Por: Lorena Pinon Rivera
POR LORENA PIÑÓN RIVERA
En política abundan los anuncios que nacen en un escritorio y mueren en el camino. Por eso conviene mirar lo que ocurre en el campo veracruzano, donde una planta de café resistente a la roya, puesta en manos de una familia, hace más por el arraigo que muchos discursos sobre bienestar. Con Grupo Trusot como operador y la Fundación Piñón como enlace, el programa cafetalero en el que participo como mediadora alcanzó el millón de plantas entregadas en el estado. En Chicontepec se sumaron seis alcaldes.
En Chapachapa, Nautla, el cabildo abrió la puerta a una reunión informativa sobre un programa de tabaco bajo agricultura por contrato, donde cada familia conoce las condiciones antes de decidir con libertad.
Este programa está inacabado, y esa es su mejor noticia, porque aún hay mucho por avanzar. La convocatoria está abierta a todos los ayuntamientos de Veracruz, sin importar colores ni filiaciones, porque la roya no distingue partidos y la necesidad de ingreso tampoco.
Y la invitación no termina en los cabildos. Los colectivos del campo, las cooperativas y los productores que quieran ampliar la lista de beneficiarios pueden buscarme en mis redes sociales. Mi tarea es acercar a quienes trabajan la tierra con quienes ofrecen la oportunidad, y la decisión final queda siempre en manos de quien siembra.
El método es sencillo y, en estos tiempos, casi subversivo: escuchar al territorio, articular a la empresa con los municipios y construir confianza donde otros prefieren imponer.
Frente a un centralismo que confunde mandar con gobernar, y que ha vuelto costumbre la improvisación en la política pública, el campo recuerda que la productividad nace del acuerdo y no del decreto. Ningún debate nacional sobre migración será serio mientras la tierra siga siendo motivo para partir y no razón para quedarse. Veracruz lo sabe mejor que nadie, porque su historia está hecha de quienes se fueron y de quienes regresaron.
Esa convicción me llevó a Champlitte, Francia, de donde en 1833 partió un grupo de colonos que cruzó el Atlántico y fundó a orillas del río Nautla una comunidad que aún habla con acento veracruzano y apellido francés. Con una delegación conjunta de San Rafael y Nautla, y junto al alcalde Patrice Colinet, renovamos el hermanamiento firmado hace cuarenta años. No fue un acto de protocolo.
Acordamos un museo de la migración francesa en Jicaltepec, en el sitio donde se asentó el primer poblado francés en Veracruz, y una agenda de proyectos concretos rumbo al bicentenario de 2033.
Lo que parecía un tema local encontró eco en el Parlamento francés, L’Assemblée Nationale. Conversé con el diputado Benoit Larrouquis, encargado de las relaciones de la Asamblea Nacional con América Latina, quien mostró un interés genuino en esta historia compartida.
Quedó en agenda que realice una visita oficial a la Cámara de Diputados de México, donde además se podrá concretar una audiencia con Alejandro Moreno Cárdenas, presidente de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe, la COPPPAL.
Será una oportunidad para hablar de lo que hoy escasea en la vida pública, que es el diálogo. Un diálogo entre parlamentos, entre partidos y entre regiones del mundo que descubren que tienen mucho más en común de lo que los gobiernos suelen reconocer.
Ahí está la lección de ambos caminos. Lo mismo en una finca de la Huasteca que en una sala de la Alta Saona francesa, las cosas duraderas se construyen escuchando, sumando voluntades y dejando que las comunidades sean protagonistas.
La diplomacia más firme no es la que se firma entre escritorios, sino la que ya vive, desde hace casi doscientos años, en la gente. Veracruz no pide permiso para producir ni para tender puentes con el mundo. Pide que lo dejen sembrar.