Camaleon
Si nos atenemos a los informes oficialistas acerca de los avances que en diferentes sectores de la producción se han alcanzado la inferencia lógica conduciría a imaginar un país en pleno desarrollo económico, con agricultura tecnificada, con una planta industrial equipada con tecnología de punta, infraestructura carretera y equipamiento urbano de primer orden, cobertura de servicios de salud envidiable, escuelas públicas con servicios sanitarios bien conservados, etc. En el ramo de la seguridad pública encontraríamos que, según los informes semanales, los índices delincuenciales han venido a la baja permanentemente, lo que establece gran diferencia a cómo estábamos con Foz y Calderón, de acuerdo con el modelo actual que los señala como parámetros de referencia. En esa lógica pronto gozaremos de la paz y tranquilidad perdidas. ¡Claro! en el supuesto de que esos informes fueran genuinamente confiables.
Estamos inmersos en un periodo de “transformación” impulsado por un Movimiento para el cual todo lo pasado resulta un fracaso y bajo esa lógica se ha dedicado a desaparecer instituciones creadas gracias a su impulso en tiempos de condición opositora de quienes ahora gobiernan. La democracia en México tuvo un acelerado crecimiento en la década finisecular, cuando se concedió autonomía al Banco de México. Se creó el INE para garantizar elecciones con resultados confiables, un órgano autónomo lejos de toda influencia ajena a sus propósitos. El Tribunal Electoral del Poder Judicial llegó a ser un baluarte contra la amenaza de torcer resultados electorales. Se creó el Fonden con recursos propios para atender emergencias, auxilio y socorro a damnificados por desastres naturales. Se diseñó un programa para financiar gastos catastróficos en materia de salud denominado Seguro Popular. Se legislaron reglas claras para evitar procesos electorales de parcializado beneficio a partidos políticos.
La Suprema Corte de Justicia ejercía su función de contrapeso en nuestra división de Poderes. Por la vorágine transformadora ya nada o poco de eso ha quedado en nuestro diseño institucional. El Fonden y el Seguro Popular desaparecieron porque “había mucha corrupción”, pero le vacío que dejaron dejó sin protección a miles de mexicanos y la corrupción en el sector público aumentó sus decibeles. El INE y el TEPJ recobraron la condición de órganos al servicio del poder político y ya no son garantes de elecciones con piso parejo. Por su actual composición con personajes electos vía la consigna del acordeón, la Suprema Corte de Justicia está lejos de servir de contrapeso al Poder Ejecutivo Federal. Ante ese contexto vale preguntar ¿en qué consiste la transformación? Porque la Constitución General de la república también ha sufrido modificaciones al por mayor y México, sin embargo, sigue siendo el mismo, eso creemos.
