¿Quién para el INE?
Sin tacto // Sergio González Levet
Si ocurriera lo normal en el Gobierno de la Cuatroté, pronto veremos que la presidenta Claudia Sheinbaum mandará a decir a los morenistas del Congreso a quién deben seleccionar para que sea la nueva Presidenta o el nuevo Presidente del Instituto Nacional Electoral. Y evidentemente será una persona afín al proyecto de apropiación del país del movimiento lopezobradorista, que llegará para coronar la obra depredadora de la democracia que tan bien jugó Guadalupe Taddei.
Si hubiera un milagro, entonces la doctora Sheinbaum recomendaría a sus huestes en la Cámara de Diputados que dejaran que el proceso de selección del nuevo árbitro electoral siguiera los cauces de la ley y la decencia, y así podría llegar al INE un mexicano probo o una mexicana reconocida por su imparcialidad y su talento, que vigilaría el proceso del año próximo para que no hubiera trampas ni robos en contra de la voluntad popular.
Pero en nuestro país están prohibidos los milagros desde 2018, cuando AMLO ganó la Presidencia de la República y comenzó a adueñarse del Gobierno y a destazar las instituciones que equilibraban el poder presidencial, junto con el sojuzgamiento de los otros dos poderes: el Legislativo y el Judicial, a través de marrullerías legaloides.
Así que, en este momento, las fuerzas democráticas de México están enfrascadas en una lucha para conseguir que la Cuarta Transformación no vaya a usar su mayoría robada en el Congreso para imponer a una persona que inclinara la balanza en favor de los candidatos guindas y acepte toda suerte de mapacherías al partido oficial y a sus aliados.
La ética obligaría a que el oficialismo permitiera el arribo de una figura que regresara el prestigio y la confianza al INE. Muchos están pensando en el doctor