Cuauhtémoc ya no abrazó a López Obrador
López Obrador puso su energía y talento para que *Cuauhtémoc Cárdenas ganara la elección de jefe de Gobierno del DF, en 1997. Era el presidente del PRD. Pero algo enfrió la relación. Ya no caminaron tan cerca en la campaña del 2000: la de López Obrador, para sucederlo en la capital; la del ingeniero, por la Presidencia de la República.
El quiebre llegó en 2001, con la persecución obradorista del equipo de Rosario Robles: en cierta medida, el equipo de Cuauhtémoc. Nunca volverían a encontrarse.
López Obrador se guareció en el discurso de que jamás hablaría mal del ingeniero Cárdenas. Cuauhtémoc, simplemente, lo eludió. No lo abrazó en la campaña de 2006 ni en su protesta contra el supuesto fraude. Tampoco lo apuntaló en el fallido intento de 2012 ni en el surgimiento de Morena ni en su arribo a Palacio Nacional, en 2018.
Respetuoso, inteligente, Cárdenas no abrió fuego político en su contra, pero se esmeró en que no lo identificaran como parte de un gobierno, o de un estilo de gobernar —autoritario, mesiánico, grosero— con el que no comulgaba. Nunca le concedió un reconocimiento pleno, fraterno, durante los seis años en que gobernó México.
Elegante, me cuentan que no se expresaba mal de López Obrador en privado. Con marcar distancia bastaba. Así murió. Descanse en paz el hombre que encarnó la convicción democrática, la sensatez, la concordia y la decencia.
