MUCHAS RUEDAS, POCO RUIDO

Salvador Munoz

Los Politicos

Los Políticos // Salvador Muñoz

En cierta ocasión que llevé la moto a mantenimiento, cuando todavía andaba de “Renegado”, el mecánico me recibió con una sonrisa de oreja a oreja. Me tenía una sorpresa: había hecho algo con el escape. Aceleró y aquello rugió como si en lugar de motocicleta me estuviera entregando un tráiler con complejo de Harley-Davidson.

¡Rrrrrmmmm!

La cara de felicidad se le transformó en desilusión cuando le pedí que le quitara todo el ruido posible. No me interesaba anunciar mi llegada a tres colonias de distancia… pero el karma es cabrón.

Una vecina se hizo novia de un chavorruco motociclista. Lo conocíamos sin conocerlo. Sabíamos cuándo iba a llegar, cuándo llegaba, cuándo se preparaba para irse y cuándo finalmente se iba. Su escape era prácticamente el vocero oficial del romance.

No sé qué le habría hecho a la moto, pero aquello sonaba como si cada visita amorosa necesitara autorización de Protección Civil. No eran exactamente los estruendos que, según las quejas recogidas por la alcaldesa de Boca del Río, Maryjose Gamboa, llegan a confundirse con disparos, pero tampoco eran una serenata de rondalla.

Afortunadamente para este vecino quejoso (o sea, yo) todo indica que el amor terminó. Desde entonces no he vuelto a enterarme de cuándo viene, llega, se prepara para irse y se va el apasionado motociclista. Bendito desamor! Hay rupturas sentimentales que deberían celebrarse con un minuto de silencio. Literalmente.

Fuera de esa experiencia, debo reconocer que en mis recorridos habituales son pocas las motos con escapes escandalosos. Para más, hacen mayor ruido los repartidores de comida apretando el pito para anunciar que llegaron las viandas de quienes se ahorraron cocinar.

Los domingos, cuando salimos a hacer la despensa, solemos encontrarnos auténticas manadas de motociclistas rumbo a Cerro Gordo, Veracruz o vaya usted a saber dónde. Y no pasa de eso: verlas pasar.

Muy distinto a lo ocurrido en Boca del Río, donde la llamada Rodada del Terror terminó, según los reportes oficiales, con acrobacias, obstrucciones viales y hasta agresiones con extintores contra elementos policiacos. Extintores! Como si además de apagar incendios sirvieran para encender pleitos.

En otros tiempos, Cuitláhuac García habría pegado el grito: ¡Ultrajes a la autoridad! Y capaz que hasta les inventaba una categoría especial: ultrajes con escape abierto.

El asunto llegó al Cabildo boqueño, donde Maryjose Gamboa impulsó medidas para regular, restringir y, cuando corresponda, prohibir rodadas que alteren el orden público.

Y aquí apareció una curiosidad política.

La gobernadora Rocío Nahle había expresado públicamente su respaldo a los ayuntamientos que decidieran poner orden a las rodadas, arrancones y carreras que ponen en riesgo a la población: “Si determinan prohibir estos arrancones o estas carreras, pues sí, los vamos a apoyar”, declaró.

Pero mientras la gobernadora respaldaba esas medidas, en el Cabildo de Boca del Río tres regidores de su propio partido, Nancy Ortiz, Ivonne Díaz y Byron Barranco, optaron por la abstención. ¡Vaya sincronización política!

La gobernadora respaldando a una alcaldesa del PAN y tres ediles de Morena sin acompañar con su voto una medida que la mandataria estatal consideraba necesaria para poner orden.

Por supuesto, abstenerse es un derecho. Y también es válido discutir los alcances de cualquier restricción. Pero el contraste resulta interesante: mientras desde el Gobierno estatal se ofrecía respaldo para ordenar el tránsito, en el Cabildo boqueño los representantes morenistas decidieron no votar a favor.

Quizás la próxima rodada debería ser de coordinación política. Con casco, direccionales y, de preferencia, todos circulando por el mismo carril, porque tampoco se trata de aplaudir cualquier prohibición. Las rodadas pueden ser una forma de convivencia, diversión, compañerismo e integración social. Hay clubes motociclistas responsables y conductores que respetan las reglas. No merecen que los metan en el mismo escape que a quienes creen que la cilindrada les concede impunidad.

La libertad de rodar debe convivir con el derecho de los demás a transitar, descansar y conservar sus tímpanos en buen estado.

Al final, el problema no son las motocicletas. Son quienes confunden la potencia del motor con el tamaño de su personalidad.

Y en lo personal, celebro que se busque poner orden en Boca del Río, como celebro la aparente soltería de mi vecina, porque hay amores que llegan haciendo mucho ruido y se van dejando una paz maravillosa.