Digger (en tabletas masticables)

Pedro Angel Palou Garcia

Opinion

Ese engaño inicial, extraordinariamente fotografiado por Emmanuel Lubezki, contiene ya el asunto central de Digger.

1. Debo decir que la película me encantó y que lo que pueden ser considerados “sus errores”, no son sino propositivos y abonan en la calidad final de un filme que no es, finalmente, para todas las audiencias y dejará a más de uno con la idea de que ha sido timado y que no entienda qué tipo de película fue a ver (una comedia, un drama, una sátira, una metaficción donde nada es verdad y todo se cuestiona). Hay algunos momentos del guion y la estructura que ayudan, precisamente, a que podamos hacer una lectura unitaria del aparente caos que Digger construye con su mise en abyme, su teatro dentro de la película y nuestras expectativas siempre destruidas por la misma cinta. Intentaré explicarme.

2. González Iñárritu es un cineasta muy inteligente, un gran director de actores que sabe rodearse de un grupo de artistas para que su visión (ciertamente megalomaníaca) pueda plasmarse en dos horas. Digger es su apuesta más radical y arriesgada, shakespeariana -pienso en Hamlet, por supuesto, pero también en Ricardo III-, lo que la emparenta con Orson Welles en el panteón de los verdaderamente grandes del séptimo arte. De hecho, el inicio de la película es un homenaje y una parodia a Ciudadano Kane. También una declaración de principios sobre el cine y la mirada. Creemos contemplar un cielo nocturno y sus estrellas cuando lo que estamos viendo son burbujas de metano que ascienden desde el fondo del océano. Iñárritu necesita apenas unos segundos para advertirnos que no debemos confiar demasiado en nuestros ojos y, sin embargo, durante las siguientes dos horas seguiremos haciendo precisamente eso, creyendo en lo que vemos hasta que la película nos obligue a ponerlo todo en duda.

3. Ese engaño inicial, extraordinariamente fotografiado por Emmanuel Lubezki, contiene ya el asunto central de Digger. No se trata de cuestionar las diferencias entre realidad y apariencia, lugar común de cualquier reflexión sobre el cine, sino de poner en tela de juicio nuestra obstinada necesidad de creer que sabemos distinguirlas. Ciudadano Kane también tuvo su gran dosis de enemigos antes de estrenarse.

3. Swift debió imaginar en 1729 a los irlandeses pobres vendiendo a sus hijos como carne para la mesa de los terratenientes. A nosotros nos basta prender el televisor para oír a un magnate explicarnos que el próximo desastre acaso no será tan catastrófico

4. Hay quien culpa al guion que Iñárritu escribió con Alexander Dinelaris, Nicolás Giacobone y Sabina Berman de ser el “caos” de la cinta. A mí me parece logrado. Si todos hablan para imponerse, la perorata es parte central del argumento. No había visto a Tom Cruise tan a gusto en un papel desagradable desde que interpretó al gurú misógino de Paul Thomas Anderson en Magnolia.

5. Lubezki cambia la luz abierta de El renacido por unos grises cansinos. En la mansión de Digger cuelga un mural de un león devorando a su presa, porque, como él mismo afirma en su discurso: la naturaleza ama a los vencedores. Pero la naturaleza que pinta la película es una naturaleza muerta.

6. Lo que desconcierta a tanta gente es que buena parte de lo que hemos visto en la película no es una película. Resulta ser Fossil Fools, una obra de teatro montada años después de la catástrofe. Curtis Markson, el actor que encarna a Digger, sufre al saber que su hija se encuentra desaparecida después de tomar un vuelo en Jamaica. Hamlet montó La ratonera para que el rey se delatara. En cambio, al bajarse indignado del avión, Curtis habla de su hija sin que apenas lo notemos.

7. El discurso ante el Parlamento Europeo es lo mejor de Cruise. Digger les recuerda a quienes lo juzgan, que no olviden que también se calientan con lo que su empresa saca de la tierra. Es una falacia, por supuesto, pero no importa. Cuando la sesión termina a gritos, algunos asistentes sacan el teléfono para grabar la pelea, y la cámara deja de mirar a Digger para contemplar a los jueces, que disfrutan su indignación como quien ve un partido de futbol. La obra termina con la muerte de Digger y el público aplaude aliviado. Girard nos explica en La violencia y lo sagrado para qué sirve el chivo expiatorio, quien debe soportar la violencia que deberíamos sufrir todos. Luego los espectadores de Fossil Fools salen a la calle y se ponen sus máscaras para poder respirar.

8. Kenny, el productor de la obra y sobrino de Digger, escucha a dos personajes discutir sin escucharse y les pregunta de qué les sirve tener razón a los dos si no pueden hacer nada con ella. En Birdman, Riggan Thomson quería que un teatro de la calle 44 le devolviera lo que Hollywood le había quitado. En Digger la pregunta ya nos toca a todos: ¿sirve de algo representar la catástrofe si el público sale igual que como entró, sólo que un poco más satisfecho con su pequeña dosis de catarsis?