El espejo francés
Así como el colapso francés no vino de la noche a la mañana, lo que vemos aquí es una descomposición acelerada. Se alimenta de políticas (y políticos) irresponsables, con “soluciones” simplonas a problemas complejos
México tiene que verse en el espejo del caos que consume a Francia.
Estamos a tiempo, pero ya no tenemos mucho más.
México está en ruta al colapso. No es exagerado; es un registro de hechos. El reparto a manos llenas de dinero público, el irresponsable endeudamiento y la consolidación de un Estado paternalista que por decreto dispone de los recursos de todos para saciar una ideología trasnochada, nos arrebata el futuro.
Así como el colapso francés no vino de la noche a la mañana, lo que vemos aquí es una descomposición acelerada. Se alimenta de políticas (y políticos) irresponsables, con “soluciones” simplonas a problemas complejos.
¿Qué fue lo que pasó en Francia? El año clave para entenderlo fue 1981. En ese año, con la llegada de Franscois Mitterrand, Francia se quebró. Hasta entonces, era un país que producía, exportaba, tenía sectores productivos, empresas y empresarios que se atrevían a invertir y gente que aún creía en el trabajo, el mérito, la movilidad social y el propósito de por qué hacer las cosas.
Después de 1981, los franceses entraron a un camino de nacionalización: subieron los impuestos como si el dinero de los demás fuera un recurso infinito, bajaron la jornada laboral a 39 horas, redujeron la edad de jubilación y fueron convenciendo a sus ciudadanos que la riqueza se crea tomando y redistribuyendo la de los otros.
Mitterrand estuvo en el poder 14 años, entre 1981 y 1995, y ese periodo significó el colapso.
¿El resultado? El capital se fue poco a poco, la moneda perdió valor, la inflación se disparó y el famoso “giro de la austeridad” de 1983, que evidenció la caída.
Desde entonces, Francia se quedó atrapada: un Estado cada vez más grande y costoso, cargas y deudas cada vez más pesadas, cultura del derecho “ganado” en lugar del mérito, educación que ha suprimido la excelencia en nombre de la “igualdad”, y una inmigración desordenada y fuera de control.
Reemplazar “trabajar y producir” por “reclamar y bloquear”.
Francia tiene ahora jornadas laborales de solo 35 horas, viven entre huelgas, su deuda está arriba del 100%, el desempleo entre los jóvenes está por las nubes y la clase media vive asfixiada.
Para allá va México si no cambia el rumbo y continúa la espiral actual. Y los responsables siempre terminan lavándose las manos, culpando a otros para justificar el desastre. Nunca son los políticos de “izquierda” que conducen el barco, sino el villano favorito: “el neoliberalismo”.
Una mayoría de los franceses eligió creer que sería sostenible hacer pagar a los demás, y bautizar eso como “justicia social”, la realidad es que van al colapso.
¿Cuándo nos veremos en ese espejo? Ojalá no sea demasiado tarde. Estamos a tiempo de corregir el camino… pero ya no tenemos mucho más.
