El gran cheque sin fondos

Alfredo Gonzalez

A Fuego Lento

A Fuego Lento // Alfredo Gonzalez.

Imagine que firma un contrato donde promete trabajar cuarenta años para recibir, al final, un premio que apenas le alcanzará para sobrevivir. Imagine, además, que mientras usted cumple, el Estado toma dinero de sus impuestos para pagar las jubilaciones de otra generación. No es un cuento de ficción. Es la realidad que ahoga a México.

Durante décadas, jubilarse significaba recibir un cheque garantizado por el gobierno, calculado con los últimos sueldos del trabajador. Era el modelo de reparto: los jóvenes en activo pagaban la pensión de los mayores. Pero la población empezó a envejecer y el dinero público dejó de alcanzar. 

En 1997 el sistema cambió y el riesgo se le pasó al ciudadano. Nacieron las Afores, cuentas donde cada quien ahorra para su futuro. Una buena idea en el papel, pero que en la práctica nunca funcionó. 

¿La razón? En un país donde más de la mitad de los trabajadores vive en la informalidad, vendiendo en la calle o cobrando en efectivo, ahorrar se convirtió en una meta casi imposible para millones.

Además, ahorrar para el retiro suena bien hasta que el sueldo apenas alcanza para llegar a la quincena. Y para los pocos que sí cotizan, las aportaciones han sido tan bajas que solo pueden aspirar a pensiones “miserables”. 

Hoy, México vive atrapado. El gobierno destina una porción grande del presupuesto para cumplir las promesas heredadas de Andrés Manuel López Obrador y financiar la pensión universal para adultos mayores.

Los números no mienten: el gasto federal en pensiones, contributivas y no contributivas, como la Pensión para el Bienestar, absorbe entre 5% y 6% del PIB y más de 17% del presupuesto federal.

Y cada peso que se va en eso, es un peso que se le quita a los hospitales sin medicinas, a las escuelas deterioradas y al transporte público que está para llorar.

Por el otro, los jóvenes enfrentan un futuro desolador. Con sus impuestos financian el retiro de sus padres y abuelos, pero saben que, cuando les toque su turno, no habrá un fondo equivalente.

La reciente creación del Fondo de Pensiones para el Bienestar busca parchar ese abismo, complementando los retiros más bajos. Es un paso, sí, y quiérase o no, necesario. Pero la interrogante incómoda sigue ahí: ¿de dónde saldrá el dinero para sostenerlo cuando la ola de jubilados alcance su punto más alto?

Y mientras llega la respuesta, hoy la crisis de las pensiones no es un dilema de contadores ni un tema exclusivo de Hacienda. Es una bomba de tiempo social y política. Si no se transforma de fondo la estructura del empleo y la recaudación fiscal, el país avanza a toda velocidad hacia una vejez pobre, precaria e impagable.

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SE ESPERA que en los primeros días de noviembre quede listo el Presupuesto de Egreso 2027, y la consigna para los diputados de Morena, que dirige Ricardo Monreal, es mantener intacta la propuesta de destinar entre 1.84 billones y 2.5 billones de pesos para el gasto total en pensiones, las contributivas, IMSS/ISSSTE y los programas sociales como la Pensión para el Bienestar. 

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OAXACA inventó la titulación VIP. Anahí Sarmiento Pérez llegó a la Secretaría de Educación por decisión del gobernador Salomón Jara y, tras las críticas de la comunidad universitaria por su cédula profesional, el trámite se aceleró con una eficiencia que ya quisieran los estudiantes que hacen fila meses por un papel.

El 15 de octubre, según denuncias locales, recibió su título en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca a puerta cerrada. Una ceremonia tan discreta que parecía clandestina: sin porras, sin invitados y sin foto familiar. Lo grave no es el trámite, sino el mensaje: a quien tiene escritorio se le acomoda el calendario, y a quien hace fila se le acaba la paciencia.

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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “Abandonad toda esperanza, vosotros que cotizáis”.