Sí, de todas las cosas a tomar en cuenta del herradero en que acabó el INE tras el paso de Guadalupe Taddei, su pandilla y sus patrocinadores en Morena, que –insisto– entre todo lo que hay que hacerse cargo no esté la idea de que renovar el INE debe ser para mandar un mensaje a los mercados, para decirle a la inversión que nuestra democracia electoral sigue viva. Que eso no sea tema, porfa.
Tengo dos argumentos para pedir que los responsables del país se enfoquen en la limpieza con lejía de las cochinadas que encontrarán en los contratos taddeistas y en designar al mejor perfil para el timón del INE. Argumentos no sobre eso, pues es obvio que son cosas que se necesita que ocurran pronto y bien; no, argumentos para que aquí la iniciativa privada sea la menor de las prioridades del gobierno.
Si me apuran –por fin entro en materia–, no hay que preocuparse de las inversiones, ni de los inversionistas. A estas y a estos les vale un pepino (ayer a 15 pesos kilo al mayoreo en la Central de Abasto, según ChatGPT) el INE, las elecciones, los candidatos, Taddei, los tiempos electorales, las corcholatas, los defensores de la no sé qué, la copia pirata panista de los defensores de la no sé qué, etcétera, etc.
No me lo tomen a mal. No estoy diciendo que los empresarios sean gente que sólo cuida su dinero y nada más que su dinero (asunto que suele pasar aquí y en China). Lo que estoy diciendo es que no hagamos la araña más patona. Ya el problema es monumental como para pensar que hay que hacer la limpieza del INE para tranquilizar lo que los mercados supuestamente piensen sobre nuestra democracia.
Lo que la IP nacional e internacional ve es que somos lo que hemos sido en medio siglo. Ida y vuelta de dos modelos políticos, ambos cargaditos de sus propios “chamaquito, París a tus pies”. Y a ellos poco les importa. ¿O no a los inversionistas les tuvo sin cuidado que las corcholatas de 2023 violaran plazos electorales, tanto como les tiene hoy sin cuidado que el régimen tenga, antes de tiempo, 17 candidatos?
Del gobierno los inversionistas sí quieren, dicho de manera positiva, saber si tendrán energía (a tiempo y constante) para sus plantas; saber si Lenia Batres, desde la presidencia de la Corte, aniquilará la “cosa juzgada”, y quieren confiar en que el gobierno pagará sus deudas y no jineteará el retorno de impuestos… En otras palabras, les importa que el gobierno funcione y que no salga con sorpresas a cada rato.
Ese es mi segundo argumento. Tenemos demasiadas pistas de que nuestra IP (generalizo, ya lo sé) no está incómoda con el autoritarismo de Morena. Nadita les preocupa la sobrerrepresentación en San Lázaro, por ejemplo. Sí, en cambio –bastante–, que sean tan ineficientes (y que parte de esa ineficiencia sea por corruptos, desde luego, porque eso sí impacta a la economía), pero ¿ya ven a qué me refiero con que dejen en paz al INE con que tiene que mandar una señal a la inversión?