La contribución histórica de Cuauhtémoc Cárdenas

Jose Luis Enriquez Ambell

Cafe de Manana 

Café de mañana // José Luis Enríquez Ambell

No puede negarse que quizá la contribución histórica de mayor relevancia explicativa de don Cuauhtémoc Cárdenas “no radica en haber llevado a la izquierda a la Presidencia, sino en haber hecho posible que otros llegaran”.

Aunque, sin duda, son más las contribuciones políticas del ingeniero Cárdenas Solórzano a la vida política de México en las más recientes cinco décadas. Recuerdo que don Gonzalo Martínez Corbalá (QEPD), en una ocasión, en ese sentido me dijo: “Cuauhtémoc aporta más de lo que creen y ven, es un hombre con intenciones para cambiar y mejorar”.

Así pues, el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas es y permanece como elemento fundamental en la transición democrática del país, y es que diversos ojos, voces y enfoques coinciden desde sus ejes de opinión que la ruptura del clásico sistema hegemónico del PRI de varias décadas estaba agotado.

Hay otros que nos dicen que Cárdenas hizo posible que naciera la institucionalización de la oposición de izquierda y que así se le aceptara y respetara.

Y no son menos los que opinan que alcanzar el ejercicio del gobierno en la CDMX abrió la puerta y construyó la carretera que ha llevado a la izquierda al Palacio Nacional y tomar el Poder Ejecutivo Federal, más allá de lo que hizo el PAN por dos sexenios.

Aunque las enseñanzas y oficio político del Ing. Cárdenas se desarrollan en el contexto del presidencialismo priista, a través de su padre, el general Lázaro Cárdenas, líder del cardenismo histórico, su relevancia contemporánea está en haber sido el más relevante de los disidentes al interior de un PRI todavía robusto, lo que da más valor a sus capacidades para articular acciones en torno a la crisis del partido hegemónico.

En ese contexto Mi padre, José Luis Enríquez González, en 1997 logró en Veracruz –junto a muchos otros dirigentes y líderes obreros que siguen vigentes en la vida pública– fragmentar a la CTM.

Y quienes en la década de los 80’s estuvimos entre la etapa universitaria y tareas de trabajo inicial –público y privado– nos es imposible omitir que vimos y vivimos desde la primera fila la ruptura de 1987 y 1988 a través de la Corriente Democrática organizada en el Frente Democrático Nacional (FDN) –así lo conversé alguna ocasión con dos paisanos, amigos, sureños y diputados y un muy querido pariente (PRD) Leticia García Perea, Agustín Mantilla Trollé y Uriel Flores Aguayo, entre otros– pues la coalición electoral que lo postuló como candidato a la Presidencia de México contra Carlos Salinas de Gortari es, a mi juicio, la frontera de este nuevo país en el que vivimos, que ha transitado del PRI al PAN, PRD y Morena, y por supuesto con otras fuerzas políticas.

Y en todo ese movimiento de Cárdenas Solórzano, así mismo me resulta imposible omitir a otros personajes que contribuyeron con su estilo y propio carácter a la Corriente Democrática, me refiero a don Porfirio Muñoz Ledo y doña Ifigenia Martínez, y es que todos ellos unieron sus esfuerzos y tiempo para llegar a denunciar lo que todos sabían y no se atrevían a decir en el terreno abierto y público: “NO al Dedazo, NO a la DedoCracia”.

En esa corriente igual incluyeron e influyeron otros aspectos como el abandono del nacionalismo económico y la falta de democracia interna –hoy, por cierto, en la agenda de la discusión.  Todo aquello que se vivió con Cuauhtémoc Cárdenas siendo candidato en 1988 provocó la elección más controvertida del pasado siglo.

Tan solo en Veracruz, a partir de ese momento –y en especial la zona sur hasta Los Tuxtlas y en otras regiones serranas– el discurso oficial cambió ante el resultado favorable a Cárdenas con el Frente Democrático Nacional (FDN) y sus aliados: PARM, PPS, PFCRN, PMS –del Partido Mexicano Socialista, su candidato Heberto Castillo declinó en favor de Cárdenas para unificar a la izquierda– y el PAS.

DE SOBREMESA

En aquel tiempo, mi padre, don José Luis Enríquez González (QEPD), me expresó, viendo un noticiero nocturno de televisión que transmitía las marchas de don Cuauhtémoc Cárdenas, que “sumado a la discusión en la mesa por el resultado en las urnas, empezaba a romperse el mito de la invencibilidad del PRI y Gobierno en un proceso”.

Y razón tenía, pues el régimen del presidente Salinas, con Fernando Gutiérrez Barrios en la Secretaría de Gobernación y Manlio Fabio Beltrones Rivera de subsecretario —a quien por cierto veo como próximo diputado federal por el PVEM – iniciaron las reformas electorales que crearon al IFE en 1990 y a su autonomía en 1996, del ahora cuestionado y zarandeado INE.

UN CAFÉ LECHERO LIGHT

Entre 1997 y 2000, estando en una mesa de comida y plática de los diputados federales Ricardo Monreal, Porfirio Muñoz Ledo y mi padre, en la CDMX, en su conversación hablaron, entre otros temas, de 1988 y, palabras más, palabras menos, coincidían que aquella jornada y sus resultados había aportado un esquema de tres fuerzas reales mediante el PRI-PAN-PRD, lo que ayudó a descargar el mal humor y descontento social a través del diálogo con acuerdos y no luchando contra el sistema de ese momento.

¡ES CUANTO!