MEXICANOS DESTACADOS EN LA HISTORIA

Severo Francisco Mar Morales

Banquillo político

 El periodismo cuando se ejerce con vocación de servicio, trasciende la nota coyuntural y se convierte en custodia de la memoria colectiva. Toda nación que aspira a comprender su presente, debe interrogar su pasado.

En una época marcada por la inmediatez, la estridencia y la fugacidad de la vida pública, consideramos imperativo construir un espacio de reflexión serena sobre aquellos mujeres y hombres cuya obra, pensamiento y sacrificio cimentaron a este país.

Hoy se pone en “circulación”, en los medios de comunicación impresos y en las plataformas digitales, la columna periódica MEXICANOS DESTACADOS EN LA HISTORIA.

Estas entregas cotidianas no obedecerán a un afán meramente conmemorativo. Responden a una convicción cívica: la historia es la conciencia crítica de un país. Olvidar a sus próceres es renunciar a su identidad; evocarlos, es ratificar su vocación de grandeza.

México no se explica sin sus mujeres y hombres de excepción. Nuestra Nación es el resultado de una suma de esfuerzos, de ideas, de luchas cívicas y de actos de valor civil que, a lo largo de dos siglos, le han dado rumbo y dignidad a nuestro país.

Sin embargo, en la vorágine informativa contemporánea, caracterizada por la inmediatez de las redes sociales y la polarización del debate público, corremos el riesgo de perder de vista los referentes esenciales que nos constituyen como una nación con una riqueza histórica enorme.

Esta columna nace de una preocupación legítima: las nuevas generaciones conocen con precisión las tendencias del momento, pero desconocen a quienes forjaron las Instituciones que hoy nos rigen.

Nos preguntamos: ¿Cuántos jóvenes saben quién fue Belisario Domínguez Palencia y porqué su palabra le costó la vida? ¿Cuántos recuerdan que un oaxaqueño, Benito Juárez, sostuvo la República frente a un Imperio? ¿Cuántos valoran que la libertad de expresión que hoy ejercemos en redes sociales, fue conquistada por periodistas como Ricardo Flores Magón desde la cárcel?

 

Se adopta el nombre de MEXICANOS DESTACADOS EN LA HISTORIA, por tres razones de orden editorial:

 

  1. Por rigor conceptual. No hablaremos solo de próceres consagrados por la historia. Hablaremos de destacados: médicos, maestros, militares, periodistas, científicos, deportistas, legisladores, en fin, mujeres y hombres que desde su trinchera destacaron por su aportación a la Patria. El término es más incluyente y más justo históricamente.
  2. Por vigencia pedagógica. Cada entrega y colaboración buscará vincular el pasado con el presente. No se trata de historia meramente anecdótica, sino de historia plenamente útil. ¿Qué nos dice hoy la conducta de un Belisario Domínguez frente a la autocracia? ¿Qué nos enseña un Juárez frente a la corrupción?
  3. Por responsabilidad social en los medios de comunicación y redes sociales. En un sistema digital saturado de desinformación y contenidos efímeros, ofrecer una columna periódica, documentada, breve y con sustento histórico, es un acto de plena responsabilidad. Los medios impresos forman, las redes sociales difunden. Esta columna quiere habitar ambos espacios con contenido de calidad, que pueda ser leída, compartida y comentada por el ciudadano común, por el estudiante, por el maestro, por el servidor público, etc.

 

En suma, MEXICANOS DESTACADOS EN LA HISTORIA, pretende ser una tribuna cívica. Un recordatorio permanente de que México ha tenido y tiene mujeres y hombres de altura, y que su ejemplo debe ser la medida con que se valore a los actores de nuestro tiempo.

 

A partir de esta fecha, y de manera periódica, nos encontraremos en este este espacio, con el rigor de la historia y el compromiso del presente.

 

 

LOS AUTORES

 

BELISARIO DOMÍNGUEZ PALENCIA

(Comitán, Chiapas, 25/Abril/1863

Cd. De México, 7/Octubre/1913)

 

El día 7 de octubre se conmemoró el sacrificio del político mexicano Senador de la República, Dr. Belisario Domínguez Palencia, asesinado hace 113 años por la tiranía del gobierno huertista por el simple hecho de decir la verdad desde la máxima tribuna del Senado de la República.

 

Belisario Domínguez, no nació en cuna humilde como la mayoría de los mexicanos de su época. Nació de una estirpe liberal, humanista y patriota. Nace el 25 de abril de 1863 en el seno de un hogar de holgada posición económica, pero de profunda convicción juarista, vio la luz por primera vez en Comitán de las Flores Chiapas.

 

Su padre fue Don Cleofas Domínguez Román, comerciante próspero y militante del Partido Liberal, a quien la historia recuerda como “El valioso mutilado”, debido a que perdió una pierna en la defensa de Comitán contra las fuerzas intervencionistas francesas en el año de 1863-1864, siendo un liberal a toda prueba.

 

Su madre doña María del Pilar Palencia Espinoza, originaria de la ciudad de Guatemala, de familia de firmes propósitos católicos y liberales, mujer culta que inculcó en sus hijos en amor por las letras y la caridad.

 

Belisario Domínguez cursa sus primeras letras en su poblado natal en Comitán; en la escuela privada de don Francisco Gutiérrez “Don Panchito”, y recibe clases de francés del profesor Eduardo Labbé. Luego es enviado al Instituto de Ciencias y Artes de San Cristóbal de las Casas, donde cursa su bachillerato.

 

Con apenas 16 años de edad y siendo aun un adolescente, en 1879 viaja con uno de sus hermanos a Francia para estudiar en la Institución Chevaliere y posteriormente ingresa a la Facultad de Medicina de la Universidad de la Sorbona de París; después de diez años de estudio, obtiene el 17 de julio de 1889, a los 26 años de edad, el título de Médico Cirujano, Partero y Oculista. Pudo quedarse en París, pero prefirió regresar a su tierra natal.

 

El 2 de noviembre de 1890 contrae matrimonio con doña Delina Zebadúa Palencia, distinguida dama comiteca, con quien procrea cuatro hijos: Matilde, Carmen -quien murió al poco tiempo de nacer-, Ricardo y Hermila Dominguez Zebadúa, una familia ejemplar.

 

Durante 20 años ejerció la medicina con un profundo sentido social. Recorría a caballo las comunidades más apartadas de la meseta comiteca, atendiendo gratuitamente principalmente a los indígenas tojolabales. Cabe hacer mención que jamás cobró a la gente más necesitada; combatió tenazmente el fanatismo y la ignorancia.

 

En el año de 1904, funda el periódico denominado “El Vate”, trinchera desde la cual denunciaba la miseria de Chiapas por culpa de los malos gobernantes.

 

Fue Presidente Municipal de Comitán de 1910 a 1911, y en 1912, al morir el senador propietario Leopoldo Gout, asume la titularidad como Senador de la República por el Estado de Chiapas, tomando posesión el 3 de marzo de 1913.

 

Cabe destacar que, en este contexto histórico, el Poder Ejecutivo estaba representado por el usurpador Victoriano Huerta.

 

El pensamiento de Belisario Domínguez se resume en una frase que él mismo escribió en El Vate y que hoy se encuentra inscrita en letras de oro en el Senado:

 

“Vigilen de cerca todos los actos públicos de nuestros gobernantes. Elógienlos cuando hagan el bien, critíquenlos siempre que obren mal. Seamos imparciales en nuestras apreciaciones, digamos siempre la verdad y sostengámosla con firmeza entera y muy clara. Nada de anónimos ni seudónimos. Nada de silencio”

 

Ese fue su pensamiento y legado ideológico.

 

Permítasenos recalcar que su liberalismo no era de élite, era social, humanista, juarista.

 

Creía en tres principios inquebrantables a saber:

 

  1. La Legalidad Constitucional: para él la Constitución de 1857 era sagrada. El golpe de estado de Victoriano Huerta del 22 de febrero de 1913, que culminó con el asesinato del presidente Francisco I. Madero y del vicepresidente José María Pino Suárez, era una ruptura del orden legal que debía ser desconocido.

 

  1. La Libertad de Expresión como Neber: decía que el silencio de los legisladores ante la tiranía es complicidad. No basta no aplaudir al dictador, hay que denunciarlo.

 

  1. El Servicio al Pobre: como médico y periodista escribió en 1903: Chiapas es un pueblo que sufre hambre y miseria a causa de sus malos gobernantes que viven en la opulencia”. Denunció el peonaje acasillado, la tienda de raya y la esclavitud disfrazada en las fincas chiapanecas.

 

 

El 23 de septiembre de 1913 pronunció un discurso en tribuna. El presidente del Senado en complicidad con Victoriano Huerta, ordenan no publicarlo en el Diario de los Debates.

 

Posteriormente el 29 de septiembre del mismo año, escribe su segundo discurso: más fulminante. teniendo conocimiento que no le permitirían leerlo en tribuna, lo manda imprimir clandestinamente con ayuda de la valiente tipógrafa María Hernández Zarco en la imprenta de Adolfo Montes de Oca, y lo distribuye de mano en mano en las calles de la Ciudad de México.

 

En él dijo:

 

“La Representación Nacional debe deponer de la Presidencia de la República a don Victoriano Huerta, por ser él contra quien protestan con mucha razón todos nuestros hermanos alzados en armas… el mundo está pendiente de vosotros, señores, y la patria espera que la honraréis ante el mundo evitándole la vergüenza de tener por primer magistrado a un traidor y asesino…¡Qué se diría de la tripulación de un gran navío que en la más violenta tempestad y en un mar proceloso, nombrara piloto  a un carnicero que había sido antes reo de una matanza de pasajeros…?”

 

Sabía que firmaba su sentencia de muerte.

 

La noche del 7 de octubre de 1913, hombres armados al mando del inspector de policía Francisco Chávez, junto con Gilberto Márquez, Alberto Quiroz, José Hernández Ramírez “el matarratas” y Gabriel Huerta, irrumpen en el cuarto 16 del Hotel Jardín en la Ciudad de México donde se hospedaba. Lo sacan por la fuerza, lo suben a un automóvil y lo llevan a una casa destinada a torturar presos políticos en Tacubaya y luego al Panteón Xoco, en Coyoacán.

 

Ahí en la madrugada del 8 de octubre, lo martirizan y lo asesinan de tres balazos en la cabeza. Sepultan su cuerpo desnudo de manera clandestina y queman sus ropas con petróleo.

 

Cuenta la leyenda popular, nunca comprobada por la Comisión Investigadora del Senado, que su enemigo personal el Dr. Aureliano Urrutia le cortó la lengua para enviársela como trofeo a Victoriano Huerta.

 

Su cuerpo fue localizado semienterrado el 9 de octubre de 1913, en el Panteón de Xoco por una comisión de senadores encabezada por Manuel Novelo Argüello.

 

Durante este periodo, la historia registra una de las peores etapas del sistema político mexicano, al haberse realizado más de 80 aprensiones de diputados o representantes del pueblo.

 

El sacrificio de Belisario Domínguez fue la chispa que aceleró la caída del usurpador.

 

Sus restos fueron exhumados del panteón de Xoco y, tras el triunfo de la revolución constitucionalista, fueron trasladados a su tierra. Hoy sus restos mortales reposan en el panteón municipal de Comitán de Domínguez, Chiapas, en el mausoleo familiar, cumpliendo así, su deseo de descansar y reposar en su tierra que lo vio nacer.

 

Sin embargo, su memoria y pensamiento ha trascendido nacionalmente.

 

  • Desde el año de 1936, su nombre está inscrito en letras de oro en el muro de honor del Congreso de la Unión.
  • En 1954 el Senado de la República instituyó la más alta presea que otorga el Estado Mexicano: la Medalla de Honor Belisario Domínguez, que se entrega a mexicanos que se hayan distinguido como servidores de la patria o de la humanidad.
  • Su casa natal es hoy la casa museo Dr. Belisario Domínguez, rescatada en 1976 y abierta al público desde 1985, donde se conservan entre otras cosas, su instrumental médico, muebles y correspondencia.
  • Un cenotafio y monumento lo honran en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón de Dolores en la Ciudad de México y en la Antigua Casona de Xicotencatl, sede del Senado.
  • Su estatua preside el Senado y la ciudad de Comitán lleva oficialmente su apellido: Comitán de Domínguez.

 

Hoy, cada vez que un legislador sube a la tribuna y alza la voz contra la injusticia, cada vez que un médico atiende sin cobrar a un pobre, cada vez que un periodista dice la verdad sin seudónimo y sin silencio, Belisario Domínguez vuelve a vivir.

 

Que su sacrificio nos recuerde que la patria nos exige cumplir con nuestro deber, aun con el peligro y aun con la seguridad de perder la existencia.